Verano al natural
- Publicado en Editorial
Se hizo esperar pero ya está aquí. Lo tenemos con nosotros y ha llegado como Dios manda. Sí, como debe ser, haciendo subir el mercurio a las alturas. La primavera fue rara, enloquecida más bien, pero con el solsticio de verano, los días se alargan y los rayos solares invitan a lanzarse al mar. En Lanzarote, no hay que dudarlo, tenemos playas de sobra para calmar y mitigar cualquier ola de calor que nos llegue. Playas y de las mejores si tenemos en cuenta que Papagayo, ubicada al sur de la isla, volvió a colocarse entre las diez mejores del país en un ranking en el que los usuarios eligieron por plena voluntad este punto costero como uno de los diez más bonitos para perderse en unas vacaciones. Esta cala de arena blanca tiene una extensión de ciento veinte metros ideales, por su aspecto cristalino y sus aguas color turquesas. Una condición de “casi virgen” que los bañistas describen como "excelente", una "verdadera joya" o un "rincón único".
Pero la costa insular no es precisamente noticia por sus calas y playas naturales. Lanzarote está en el punto de mira informativo estas últimas semanas desde que saltó la noticia de que se llevará a cabo la construcción de dos nuevas playas artificiales en la isla. Una en la zona de Berrugo, en Playa Blanca, y otra en Costa Teguise, junto al Sands Beach Resort. Ambos proyectos no sólo contemplan el relleno de arena de la costa, sino también la construcción de escolleras o espigones, así como la posterior explotación de su uso por terrazas, quioscos o servicio de hamacas, entre otros.
La nueva playa artificial de Playa Blanca ocuparía 500 metros de costa mientras que la de Costa Teguise –en la que es frecuente ver diversas aves limícolas y otras migrantes- alteraría 200 metros de zona rocosa, si bien la actuación completa afectaría a 26.000 metros cuadrados de dominio público marítimo terrestre. La competencia nula que tiene en este asunto el Cabildo Insular de Lanzarote deja en manos del Estado toda la zona de Dominio Público Marítimo Terrestre. La noticia genera opiniones encontradas. Por un lado, quienes están satisfechos por las obras y ven nuevas oportunidades de negocio y expansión. Y, por el otro, quienes ponen en valor la riqueza natural de Lanzarote y se muestran contrarios a cualquier modificación que altere la biodiversidad de la zona, defendiendo que la costa en su estado natural no necesita intervenciones.
En nuestro ejercicio de conocer y contrastar la postura idónea encontramos que el propio Ministerio de Medio Ambiente (2008) en un documento denominado “Directrices sobre actuaciones en playas” establece que una playa se encuentra en su estado “normal”, cuando su comportamiento sólo está condicionado por los agentes y el medio natural, sin coacciones de origen humano, ya que la erosión de la costa se produce cuando hay una alteración de la dinámica litoral que puede deberse a una disminución en los aportes de sedimentos y a la presencia de barreras al transporte (diques, escolleras, etc.), generando problemas al ecosistema. Si a esto le sumamos que pretenden traer la arena del Sahara, desobedeciendo las directrices judiciales que lo impiden… Y, como decíamos arriba, llegó el verano como está mandado, sin nubes en el celaje pero con el fantasma de nuevas polémicas.



