Nasas, el germen de la Reserva Marina
- Por exto y fotos: Luis Miguel Coloma / http://islaflipica.blogspot.com.es
Es un arte de pesca muy antigua aunque muy agresiva con el entorno, motivo por el que en Canarias se ha restringido y limitado su uso. Fabricarlas y mantenerlas supone un coste extra para los pescadores, ya que deben cambiarles el mallado cada cuatro meses, lo que lleva unas dos horas y más de 200 euros de media por nasa .
La nasa es un tipo de utensilio de pesca conocida como 'arte trampa', muy antigua y utilizada en toda España. Debido a que es muy agresivo con el entorno, en Canarias se han establecido unos límites, tanto en su tamaño (diámetro máximo de tres metros por uno y medio de alto), en el número de ellas que puede tener asignado cada barco de la lista tercera, o sea de pesca artesanal profesional (treinta), así como territorial (aguas interiores) y de la profundidad (mínimo 18 metros). Con esta cantidad, legal y ajustada, se garantiza la sostenibilidad de la fauna marina, según fuentes del sector. Su uso indebido puede conllevar sanciones de entre 600 y 3.000 euros.
“En los años fuertes de la pesca en Lanzarote, cualquier barquito tenía 300 ó 400 y las echaban a la mar en cualquier parte formando trenes o líneas de nasas. Esta presión desmedida sobre el entorno generó la creación de una zona de reserva en el Norte, que es lo que hoy conocemos como la Reserva Marina del Archipiélago Chinijo, que es la más grande de Europa, con 70,7 hectáreas”, explica el asesor honorífico del Cabildo de Lanzarote en materia de Pesca, Domingo Delgado Morín.
“Aunque se está contemplando revisar al alza parámetros como la profundidad o incluir una determinada distancia mínima de la costa, el cupo de 30 nasas por barco está estudiado para que se pueda mantener la fauna”, añade Delgado. “Además, -apuntó el asesor honorífico- los pescadores pueden utilizar simultáneamente otras artes como las nasas camaroneras, palangre, caña o cerco”.
Naseros de La Santa
Lanzarote cuenta con cuatro cofradías de pescadores: Arrecife, La Tiñosa, Playa Blanca y La Santa, a la que hay que sumar la de La Graciosa. Todas tienen nasas, aunque sólo los gracioseros tienen que salir de su territorio para colocarlas. En total suman unas 120 embarcaciones de lista tercera. Sin embargo, tienen un serio problema en la competencia desleal que practican, con alevosía y hasta nocturnidad e incluso con nasas, algunos barcos de pesca deportiva (lista séptima), según afirman fuentes del sector.
Los de Tinajo cuentan desde hace unos pocos años con una ventaja faunística como es la gamba de La Santa, una especie autóctona diferenciada de crustáceo muy valorada y revalorizada en la gastronomía local e insular, que habita y se captura a profundidades de más de treinta metros. La gamba precisa una nasa específica, más pequeña y de mallado más estrecho. No obstante, aseguran los naseros que “son más difíciles y lleva casi más tiempo hacerlas que las grandes”.
“Las nasas tienen un coste, aunque buena parte se amortigua porque en muchos casos somos los mismos pescadores los que fabricamos el armazón y los que les cambiamos el mallado”, explica David Olivero. Deben acometer esta operación cada cuatro meses (por cada nasa) debido al alto nivel de corrosión del agua del mar. “Esto viene a suponer unos 200 euros en material y una media de dos a tres horas de trabajo, cuando se trata de nasas grandes”, apunta.
Se cosen con alambre, y se les va dando forma a las distintas partes metiéndose dentro. Es un trabajo totalmente artesanal, que requiere destreza y meticulosidad, a la vez que fuerza. Un trabajo que curte y castiga las manos, ya endurecidas por el tiempo y el salitre.