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Navidad sin turrón

  • Por  F.Gimeno/Fotos: Teo Camacho
Navidad sin turrón

Atípicas fechas las que se avecinan en un complicado panorama de austeridad e incertidumbre. Alrededor de una mesa familiar buscaremos la magia de las fiestas para endulzarnos con nuevas ilusiones que nos lleven a recuperar el espíritu navideño. 


Llega la Navidad pero no es la Navidad de siempre. La de ahora llega en un mundo convulso. Guerras en numerosos países. Más de 60 millones de personas refugiadas a lo largo y ancho del planeta huyen del hambre, de las bombas. Familias enteras que arriesgan sus vidas en pateras, en las costas griegas, italianas, españolas; y a pie, pasando frío, hambre, sin destino seguro. Se acerca un nuevo 25 de diciembre tras la alarma terrorista sembrada por los yihadistas tras el atentado perpetrado en París, diez años después de un atentado similar en Londres, once años desde el perpetrado en Madrid, catorce años después del de las Torres Gemelas. Y para poner la guinda a una extraña Navidad habrá elecciones generales en nuestro país en vísperas del sorteo extraordinario, que ese sí que traerá algo de felicidad a los afortunados.

 

Si antes la Navidad era sinónimo de solidaridad, ahora toca ser solidarios a diario. Porque lo bonito es compartir, lo dice el anuncio de la lotería. Las tradicionales campañas de recogida de alimentos que se hacían por estas fechas para los que menos tenían son cada vez más frecuentes, porque ahora son más los que menos tienen. Nos adentramos en una atípica Navidad, y Papá Noel, queramos o no adoptar el personaje legendario que trae regalos a los niños por Navidad, nos puede traer un buen zurrón, lleno de esperanza y cambio, o dejarnos un negro y rocoso carbón difícil de saborear.

  

En busca del espíritu navideño

  

En la venidera fiesta que este año se antoja atípica habrá que desempolvar el espíritu navideño, y cada uno en su casa, con familia y amigos, compartir deseos de un mundo mejor, rodeados de aromas y dulces de temporada y por qué no de una buena bandeja de turrón. Aunque cada uno en su particular forma de vida y cultura celebrará esos días según sus costumbres y posibilidades, la mayoría lo hará alrededor de una mesa en la que se servirán platos y postres especialmente elaborados para estas fechas. Desde las truchas de batata y mantecados hasta las garrapiñadas y panes dulces hay un amplio muestrario de repostería navideña que se volverá a saborear en estas fechas. Si el espíritu navideño hace aguas, las reuniones familiares y de amigos serán motivo más que suficiente de celebración. En casa de Fredes, una lanzaroteña de Haría que vive en Arrecife, no faltarán las truchas de batata y de garbanzo, también los mimos, aunque en su mesa familiar son de poco de turrón. “Aquí la Navidad se viene a celebrar de poco para acá. Comemos dulces como las truchas, los mimos o la torrijas, no tanto el turrón porque no es de aquí”, comenta.

 

Turrones y garrapiñadas sí degustan en estas fechas en casa de Marisa, oriunda de Argentina, y vecina de Tahíche. “Nosotros celebramos como los españoles, ahora con nuestra familia de adopción, pero cuando estamos allá la comida es más fresca porque allí es verano en Navidad”. Mantienen costumbres como las nuestras de reunirse en familia para cenar en Nochebuena, “aunque en lugar de pavo cocinamos pollo relleno, carne rellena de anchoas y tortitas saladas tipo panqueque”. “Lo más lindo, aparte de reunir a la familia, es que siempre llegaba Papá Noel. Un familiar se disfrazaba y entraba a la casa hacia el árbol para repartir los regalos a chicos y grandes”, explica.

  

Navidad lejos de casa

  

Con mucha comida, turrones y polvorones celebran la Navidad en casa de Rosa. Nacida en Guinea Ecuatorial, señala que sus costumbres para estas fiestas forman parte de la herencia que les quedó por ser colonia española. Pero matiza que hay una diferencia a destacar “lo celebramos igual pero con mucha más comida, mucha música y mucho ruido, desde la noche hasta el día siguiente. Para el día 25 hacemos diferentes comidas y se invita a la gente a comer y a pasarlo bien”, dice.

 

Nada de turrón ni mantecados comen en casa de Petronela. La costumbre rumana, según cuenta, inunda de caramelos, dulces y postres la noche del 24 de diciembre, antes de que Papá Noel les traiga regalos a los niños. “Al día siguiente se abren los regalos y la gente se disfraza de oso o de cabra y sale a la calle a bailar. Los niños van cantando de casa en casa y les dan dinero, dulces y caramelos”.

 

Entre cuarenta y cincuenta tipos diferentes de dulces se hacen para la Navidad en algunas casas de la República Checa. Los saborean mientras los visualizan Amelia y Carmen, dos amigas y compañeras de trabajo que llegaron a la Isla hace más de diez años. Para ellas es típico cenar en Nochebuena sopa de pescado, de primero, y como plato principal pescado empanado con ensalada de patatas. “Luego vienen los dulces que se han empezado a preparar a principios de diciembre y se han guardado en cajas hasta la Navidad. Y en Año Nuevo comemos lentejas para tener prosperidad”. Tienen como costumbre también guardar una escama del pescado que cenaron el 24 de diciembre “para que no nos falte dinero en todo el año”.

 

Puede que el mayor deseo para esta Navidad sea recuperar la esperanza de un mundo mejor que nos permita volver a vivir la magia de estas fechas con ilusión y confianza. Escribamos una carta a los Reyes Magos de Oriente para que nos brinden una grata sorpresa la noche del 5 de enero. Confiemos en ello.

 

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